Galletas

9/30/2010 Maikita 1 Comments

A ella le gustaba comer galletas en la cama, (desde niña). Era frágil y fuerte, transparente y mate. Con ese dolor a cuestas, del que no hablaba nunca, y que algunas veces, soltaba del todo, y lo dejaba olvidado detrás de alguna puerta, hasta que alguien le recordaba que estaba ahí. Tenía estrellas en el alma y agujeros en el corazón, casi igual que él.

¿Eres músico?... Porque yo soy artista...
No, solo me gusta la ópera...
Mi padre es músico...

Ahora no lo recuerda bien, pero fue en ese momento que la empezó querer. Se dio cuenta porque cuando pensaba mucho en ella, se quedaba sin respiración. Pensó en ir a un médico, o en ir a secuestrarla, y como no se decidía, compró un libro gordo que explicaba como respirar mejor. Curiosamente, el libro se la recordaba más, cuando lo veía en su mesita de noche, pensaba en ella, y se quedaba sin respiración, entonces abría el libro y hacía ejercicios de respiración. Era un ciclo.

He pensado en ti muchísimo niña, y no entiendo ¿porque?, ni siquiera te imaginas cuanto...
Y yo en ti... ¿No te parece maravilloso?
Solo quiero que estés bien, feliz, que sonrías...
Y tu debes trabajar menos, pasear más, y dejar que yo te de besitos en los párpados...
¿Tu quieres darme besitos en los párpados niña?
Yo quiero darte, besitos en todas partes, pero tu como que no te enteras bien...

Como podía decirle eso, así de sopetón. Ni siquiera tenía en libro en la oficina para respirar mejor... pero con todo y que le costaba respirar, sintió ese calor tan esperado en el corazón, ese que avisa, que el amor está a unas pocas paradas de nuestra vida. Cuando es tiempo de amar, las cosas suceden, el duerme con ella cada noche, la busca en su cama, y la desea tanto que le duele hasta el páncreas. Ahora si le tocará ir al médico, o secuestrarla de una vez...

Quise escribirte una carta niña, pero es difícil escribir a alguien que escribe. Quería decirte muchas cosas en ella, pero no supe como empezar...
¿Que me querías decir?
Que te quiero...
Para eso no necesitas una carta mi niño... para eso me dices “te quiero”, mira que fácil...

Era verdad, solo tenía que decirlo, y arriesgarse a que ella lo entendiera o no. Casi no podía respirar, sin libro, con esa sensación de vulnerabilidad que le hacía sentir, que desde hace tanto tiempo el no sentía... Tenía razón...

Pues eso pequeña, que te quiero. Que cuando pienso mucho en ti, me cuesta respirar, y en las noches, te deseo tanto que me duele hasta el páncreas... Aunque también te deseo de día
¿Me dejarías comer galletas en la cama?
¿Que?
¿Que si puedo comer galletas en la cama?
Si, ¿porque no?
Porque dejan migas, y luego están las hormigas...
Pues las migas son molestas, es cierto
¿Pero te importaría?
No me gustan las migas
Ni a mi, pero si las galletas...
Si podrías comer galletas en la cama...
Creo que también te quiero niño.

Ella lo quiere (aunque el tuvo que negociar las galletas), la felicidad es algo extraño, construido de trocitos de tiempo, de conversaciones y galletas, de respiraciones entrecortadas y páncreas adoloridos.

¿Estarás conmigo?
Claro niño, a mi no me duele el páncreas precisamente, me duele un poco mas abajo, y no solo me duele, se hincha cuando pienso en ti. Pensé ir al médico o secuestrarte, pero decidí mejor comprar un libro que me ayude a relajarme... respirando mejor...

Ah la vida, siempre tan cambiante, tan majestuosa, decorándose de felicidad a ratos. Hasta hace poco tiempo, su vida era gris, ahora tintinea en las mañanas, y además respira mejor. Pensar en ella, le llena los agujeros de su corazón, y cuando cierra los ojos hasta le llega su perfume francés. ¿Donde había estado ella estos cuarenta y pocos años? ¿Como respiró todo este tiempo?

Cuando la vida se llena de detalles, como un collage infantil hecho de trozos de revistas, solo que este collage es mas complicado, y las revistas son postales del alma. Solo necesita sentir la textura de su cabello en las mañanas, enredándose en sus dedos, para comprobar la textura del amor





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1 comentarios:

coco dijo...

Precioso post, querida.