Teresa y Simón

2/10/2011 Maikita 0 Comments


Hay días mi Teresa que te recuerdo más. Sobretodo, en esa horrible tarde de enero de hace tantos años, cuando la muerte te llevó de mi lado. Te recuerdo así, como dormida, pálida y divina como siempre fuiste, en ese ataúd que te arrancaba de mí... sigo pensando en lo injusta que es la vida. ¿Cuánto tiempo estuvimos juntos? A veces me parece que toda una vida, otras, que solo fue un instante. Me gusta recordarte sonriendo aquel 26 de mayo, en esa tarde de primavera madrileña cuando ahogada por la emoción, me diste aquel "si quiero", en la Iglesia de San José.

El día de tu entierro, juré que nunca más me casaría, y lo he cumplido fielmente hasta hoy. Ha sido difícil estar sin tí estos años. Si no hubieras muerto, mi vida seguramente, habría sido otra. Eras tan frágil y bella, y yo era un tonto desde mi nacimiento, siempre me preguntaré como te pudiste enamorar de mí.

Me gustaba mirarte a través de las celosías de la casa de tu padre, cuando en las tardes de invierno, agotábamos los minutos en aquel viejo salón. Me incluiste en tu vida de un empujón, cuando sonreíste la primera vez que te vi. Yo sólo tenía 17 años, tu 20. Eras como esas muñecas de cerámica antigua que traen de la China, que solo pueden ser admiradas.

A pesar de todo esto, viajaste conmigo a mi América Indomable. 27 días de travesía, tu frágil naturaleza solo se sostuvo por tu férrea voluntad. Desembarcamos en la Guaira, y entre agasajos, se me fue la preocupación de que no te adaptaras a mi mundo, parecía que habías nacido entre nosotros, y fue por ese entonces que tus ojos brillaron con más ilusión. Nos fuimos a San Mateo, y tu siempre conmigo. Nos imaginaba envejeciendo juntos, sentados en nuestras banquetas milenarias en la terraza de nuestra casa. Pero el destino, no estuvo de acuerdo.

Al regresar a Caracas, supe que no estabas bien. Tu salud, cada vez más delicada, robaba a nuestra vida, trozos de felicidad. Terminó desgajándola como una guinea madura, en muy pocos meses. Ocho meses.

A veces creo que mi vida solo duró esos 8 meses. Desde entonces me convertí en un ánima, sin ilusión, ni vida ya que mi vida se fue contigo aquella tarde.

Te busqué durante toda mi vida, cada año, mes, día, minuto, segundo... te encontré algunas veces, otras no. En mis batallas, en el olor de la sangre de los soldados, en las armas disparadas, en mis sueños de libertad, que tenían para mi, este sello tuyo. Algunas veces, (las menos), te perdí, en mis estados febriles, en mis amores pasajeros, y tal vez, la mayor parte de esas veces, en los cabellos de Manuela Sáez, que me acunaron en estos amaneceres de la vejez... cuando los dolores de mis huesos, me recordaban la edad, y el montón de años que no te veo.

Si no te hubieras ido, no habría sido Libertador, ni General, solo hubiera sido un tonto feliz, enamorado de su mujer, tejiendo ilusiones en tu almohada, y amándote con locura, para envejecer juntos en ese patio de mangos, de nuestra casa en San Mateo. Creo que pronto volveré a verte, llegó la hora de ir por ti, espérame mi Teresa, en ese lugar donde la muerte, no nos separará nunca más. Te ama, Simón.

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10 de diciembre de 1830. Quinta de San Pedro Alejandrino, propiedad de un amigo español Don Joaquim de Mier. Firmada por su eminencia Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios Ponte y Blanco, mejor conocido como Simón Bolívar, para su esposa María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza fallecida en enero de 1803

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