Alzheimer

8/29/2011 Maikita 4 Comments

Cómo pasó el tiempo, sin importar que fue de nuestras vidas, el tiempo transcurrió. Mientras esperaba para verte, no podía dejar de sentir esa sensación de naufragio que siempre me invadió cada vez que sabía que te vería. Pensé que después de tantos años, ya no sería así. Me equivoqué, y eso no era buena señal.

Me hablabas de 60 años, pero no pasaron ni 20. Lo que son las cosas, en aquel tiempo me preguntaba como sería tu vida después de mí. Ahora lo sé. Fue exactamente como lo imaginé. No hubo más vida. Te dedicaste a deshojar minutos a las horas, a los días y a las semanas. Decidiste, actuar en vez de vivir, como si en vez de vida, fuera un culebrón venezolano interminable, donde debías representar tu papel. Pero la pregunta es ¿Cuál era ese papel?... Ahora pienso que nunca tuviste nada verdaderamente auténtico (aparte de mí).

Aumentaste de peso, de años, de arrugas, y dejaste que la diabetes tomara el control (otra vez). Y en medio de ese panorama, se te escaparon los años. Al principio mi vida sin ti era vacía, triste, dolorosa y desierta. Nunca me di por vencida, no está en mi naturaleza, por eso sobreviví a todo. Por eso también no cerré las puertas de mi corazón y permití que me amaran, que me hicieran sonreír. El cruce de mi vida contigo, tuvo el mismo efecto de encontrarme con el cáncer. Empecé a querer más a mi vida, y aunque también trajo en mi aquella desconfianza malsana hacia todos, al final, hasta eso fue bueno, ya que pude seleccionar mejor las personas que tendrían parcelas en mi vida y de alguna manera, te debo eso.

Son curiosos nuestros caminos, desde los aminoácidos hasta este banco de hospital, frío, desinfectado, como otros tantos que recuerdo, pero ahora no soy paciente, solo estoy de visita. Me recuerda el corredor de la muerte, ese donde quería que te quedaras a vivir para siempre, cuando la vida me traía tu recuerdo. No se cuando sucedió, pero un día deje de pensar en donde estabas, si sonreías, si te dolía el lumbago, o si al fin lograste jugar decentemente al dominó. Nunca antes te lo dije, pero eras muy malo al dominó, mas malo que al parchís, porque en le dominó se requiere algo más que buena suerte. No quería que te sintieras mal.

Ahora aquí, casi 20 años después, me sorprendo mirando la bolsita que preparé para tu regalo, sobre todo porque tu regalo son dos cajas de tabaco, del que más te gusta. No se si aun fumas, pero conociéndote, no creo que hayas tenido lo que se necesita para dejar de fumar, y si lo dejaste, eres de los que recae fácilmente, así que el regalo dará en el blanco de todas formas.

Espero por ti, naufragando otra vez, pero de manera distinta. El odio que te tuve, se convirtió en compasión, y el amor, se convirtió en una sensación anaranjada que me da sarpullido los primeros de julio de cada año, y cuando veo las ronchas, te recuerdo. Así de sopetón igual que las ronchas. Siempre fui una niña bastante extraña. Aun busco dentro de mi alma algunas razones de cosas, hay días sobre todo cuando llueve, y huele a hierba mojada, miro la mecedora a mi lado, vacía... como tantas otras cosas que te perdiste, entonces aparece el sarpullido.

Te veo acercarte por el pasillo, y empieza el tsunami de recuerdos. Estas mas viejo, mas canoso, y mas lento. Incluso te veo un poco mas bajo, y como un reflejo, me levanto de un salto, manteniendo mi espalda lo más erguida posible, no puedo olvidar que a mi también me han caído casi 20 años. Me pregunto inconscientemente si me recuerdas, si te alegrarás, si te enfadarás, ya me conoces, mis sorpresas y yo...

Entonces me miraste, pero no me reconociste. Estaba preparada para todo, menos para esto, solo pude sonreír, estaba segura que reconocerías mi sonrisa, pero tampoco funcionó. La verdad me costó reconocerte en ese anciano, que se me acercaba, pero aun así, me alegraba tanto verte, después de tanto tiempo...que no pude controlarlo y salí a tu encuentro para abrazarte... pero solo te quedaste mudo, así, tal vez un poco asustado...

— Creo que se ha equivocado señora— y tu voz sonó a otra persona.... Miré el cintillo impreso de tu brazo, para asegurarme que eras tú... y una emoción desconocida me embargó... no tenías idea quien era...

Los años al final fueron benevolentes contigo, lograste olvidarme al final, aunque no era de esa manera que pensaste hacerlo, de tanto desear olvidarme la vida te escuchó y al final lo conseguiste de una manera u otra.

Quería visitar a un viejo amigo, pero parece que me he equivocado, de todas formas ya que estoy aquí, podría acompañarme a dar un paseo —te pregunté .

Me miraste desconcertado, tratando de encontrar las palabras correctas, en esa maraña que se había convertido tu cerebro. —La verdad no creo que pueda conocerme, dijiste muy lento, he perdido algunos de mis recuerdos usted sabe, veo mi nombre cada día en el cintillo para recordarlo... Hay días que me vuelven recuerdos de golpe, pero así como vienen se van...

Te tomé de la mano, y fuimos al jardín, parecías un niño perdido. Cuantos años pensé en este día y ni una sola vez, lo imaginé de esta forma. Eramos solo dos viejos con algunos recuerdos perdidos. Tu por alguna enfermedad, yo por elección y ese cabrón sarpullido de los primeros de julio...

Me preguntaste cual era mi nombre, y te dije que Ana. Pensé que si era corto, tal vez mañana lo recordarías. Te conté que era enfermera, que tenia dos nietos, cuatro hijos, tres vivos y uno muerto, que era viuda, que además no comía cordero ni codornices. Te di el regalo, y me dijiste que en aquel lugar no te permitían fumar. ¡Vaya vida... yo te regalo tabaco, y no te dejan fumar!

De pronto me miraste un instante, y supiste que era yo, lo pude sentir. Fueron dos minutos, donde el universo entero te volcó todos los recuerdos, juntos, los buenos y los malos y te paralizaste mirándome desde el inicio del mundo... entonces pensé que de tanto pedirlo, de tanto rogar, al final la vida, te aplicó la sentencia. Pero no era la muerte como yo pensé en algún tiempo,¡No! tu sentencia fue muy simple, “la ausencia de mi”. Por eso, durante esos dos minutos me recordaste, y tus lágrimas mojaron tus recuerdos, añejos como el buen whisky, un reserva de casi 20 años.

Te pregunté si te pasaba algo, y de pronto, cambiaste la mirada y me dijiste que no, pero que ya no querías estar mas conmigo en ese lugar, que de pronto, solo querías dormir. Te levantaste y te fuiste despacio, arrastrando el dolor a cuestas. Ahora se porque te vi un poco mas bajo. No volviste la mirada ni una sola vez,y yo me sentí en paz. Me fui despacio, y tuve la certeza que no habría mas sarpullido el próximo primero de julio...

Los viejos amores no se olvidan nunca... es cierto. Pero eso solo pasa cuando los viejos amores no sufren de ¡Alzheimer!

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4 comentarios:

Lady Tea dijo...

Realmente PRECIOSO!!!!!!.

No sé por qué últimamente pienso mucho en olvidar... ¿cuándo olvidaré? ¿cuándo este tsunami de mi cabeza se retirará y quedará un mar tranquilo?.. Espero que no pasen 20 años....

Besos

Maikita dijo...

Olvidarás, seguro. Y sin Alzheimer!!!

Gabiprog dijo...

Tal vez no se olvide... Pero algunos recuerdos deberian cambiar de sabor según la cucharita del tiempo los remueva...

Terrible olvidar recordar y perderse!!..Pero la vida te da y te quita, por partes iguales, disfrutemos mientras sea posible.