Robo

11/26/2011 Maikita 0 Comments

No era muy alta, de complexión normal, metro cincuenta y cuatro aunque siempre usaba tacones muy altos. Cabello castaño oscuro, y la piel muy blanca... tenía una voz muy linda, y una sonrisa impresionante, olía a canela y miel y odiaba el tabaco, casi tanto como a George Bush (padre).

— ¿Y que piensa usted que le sucedió?

— Creo que le han robado su vida (susurrando)... ella ha desaparecido...

— ¿Acaso esta usted denunciando un secuestro?

— Shhh, ¡No!, no la secuestraron, le robaron su vida, en su lugar dejaron a alguien que se le parece, pero no es ella, yo lo sé porque la conocía mucho... ¡y nadie se da cuenta! Pero, aunque nadie se de cuenta, como le he dicho, estoy seguro que, en su lugar esta alguien que dicen que es ella, pero no lo es.

— A ver si lo entiendo, usted a venido aquí a denunciar el robo de una vida, dice que existe alguien que han desaparecido y en su lugar han dejado a otra persona ocupando su puesto, pero usted esta seguro que no es ella. ¿Correcto?

— ¡Correcto!

— ¿Porque dice usted que no es ella?

— ¡Ay! señor agente, yo la conocí muy bien, Ella siempre miraba lo bueno de las personas, por eso, siempre sonreía al saludar. Cuando la veía mi corazón se llenaba de alegría por el brillo de sus ojos. Y esa sensación, esa... cuando podemos sentir que todo está bien solo por ver como parpadea, con la credulidad de una niña pequeña que cree que su muñeca tiene vida propia. Yo la sentía... y ahora... no está, no es ella, ahora es otra persona, ¡la han desaparecido!

— ¿Y como es que sabe que desapareció, si usted mismo acepta que ella existe aun?

— Ah, muy fácil, esta tarde cuando la encontré en el metro, no llevaba su acostumbrado libro, no sonrió con la mirada, no caía su cabello con desorden, no eran tan negros sus ojos, ni sonaba tan profundo el tono de su voz. Cuando me vio intentó sonreír, pero solo le salió una mueca impersonal, (lo cual me asustó mucho), cuando le dí la mano, no era cálida; era fría como la cera, y no me dejó impregnado con ese olor a canela y miel, que tan bien conozco... pero lo más extraño fue, que al agacharse para recoger el pendiente que se le había caído, noté que se le destrababa ese hoyuelo de su mejilla izquierda... ese que sólo aparece, cuando sonríe, (y cosa extraña, en una sola mejilla), pues sin haber sonreído, se le resbaló lentamente hasta caer al suelo, dejando un leve surco en su piel... y ella ni lo notó, es que... ¡era falso!...


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