Pavo Borracho

1/06/2012 Maikita 2 Comments

Y ahí estaba él, en aquel extraño lugar, lleno de personas que hablaban tan rápido, y todos parecían felices. “Te enseñaré hacer un pavo borracho” — le había dicho ella, una tarde de enero en la mitad de una conversación intrascendental — le causó gracia y le dio risa Ahora ahí en aquel lugar, se sentía de alguna manera parte de todo. Con ella, el pavo y esa botella de Aguardiente Colombiano que le traía recuerdos. La mira y recuerda su vida, en ese continente enorme y extraño, con gente bulliciosa y comidas diferentes, como aquel pavo, que ella pretendía emborrachar, para luego cenarlo a la luz de velas…

— Usaremos aguardiente para darle un sabor distinto — le dijo mientras acariciaba la cabeza del pavo, que mas que comérselo parecía que lo iba a adoptar. Lo miró sonriendo, divirtiéndose un poco con la confusión que lo embargaba… — Si usamos ron claro de caña, notarías que la carne sabe diferente.

Y ahí estaban los dos, con tres pequeños vasos, uno para ella, otro para él y uno para el pavo. Ella los sirvió, el pavo primero. Le abrió el pico, y se lo bajó de un solo golpe. Tal vez fue su imaginación, pero le pareció que el pavo estaba más feliz ahora.

— Vamos niño, te toca, un pavo no se juma si no lo acompañas… eso me dijo mi abuelo, cuando era una niña, cuando aun no sabía lo que era una “juma”. Para que sepas, es una palabra regional, que quiere decir borrachera…

Le gustaba verla, escucharla y también le gustaba su olor. Y cuando ella sonreía el sentía una sensación extraña, que no sabía bien si era zozobra o bienestar. Ciertamente eran las horas mas extrañas que recordara desde hacía mucho. Allí escuchándola, riendo, y emborrachándose junto con ella y con el pavo.

— Se cuenta que cuando Cristóbal Colón vino a América, recibió de manos de los indígenas de la región de Colombia, un presente: “el tabaco”, la misma crónica cuenta que en su segundo viaje, Colon les obsequió a los indígenas la caña de azúcar, que no existía en este lado de la América. De estos productos, se extrajo un liquido agridulce que los indígenas llamaron “guarapo”. El aguardiente es un alcohol extra seco obtenido del alcohol extra puro a partir de la melaza, miel virgen y azúcar aderezado con Anís. Había perdido la cuenta de los tragos que llevaban, ella hablaba, le daba licor al pavo, y le servía por igual a ellos, tomando el licor de un solo golpe.

Cuando habían pasado 3 horas, el pavo dormía el sueño de la muerte, y el sentía ese cosquilleo caliente que de subía por la espina dorsal hasta el cerebro haciéndole sentir los huesos de espuma… entonces ella lo miró y le dijo al oído “ya está hecho” ahora te toca matarlo.

En ese instante, el no podía matar ni a una cucaracha, solo quería seguir ahí, sonriendo y dejando pasar el tiempo… — ¿Por qué tengo que matarlo yo? — inquirió

— Porque yo nunca he matado a un animal, y porque si no te das prisa, el pavo despertará con una resaca impresionante…

¡Dios!… que mujer tan rara, emborracha pavos mientras te da una charla, pero no los mata, ¡solo los cocina!...

Al final alguien mató, y limpió al pavo. Mientras, ella buscó en el patio entre las plantas, ají, culantro, y los puso dentro del vaso de una licuadora, con cebolla, ajos, salsa de soja, y una salsa regional que no recordaba el nombre. Puso al pavo en una fuente, y lo regó con aquella salsa resultante. Luego introdujo el cuchillo muchas veces en el pavo y depositó salsa en esos lugares. Lo tapó con un paño y lo dejaron una hora más.

Mientras lo asaban, ella continuó enseñándole su mundo, y el continuó enredándose en él. Cuando sirvieron la cena, ya no le importaba a que sabía el pavo, seguramente estaría delicioso, porque el tiempo compartido era mas importante, porque ahora sabía que Cristóbal Colón aparte de descubrir América, le regaló a los aborígenes colombianos la dichosa caña de azúcar, que permitió el aguardiente que emborrachó al pavo, a ella y a él, permitiéndole ser parte de la historia…

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2 comentarios:

se agradece el aporte, demasiado bueno ;)

Gabiprog dijo...

El alcohol descubre atajos...
aunque también algún laberinto...

:-)


Feliz año Maiki!